¿Qué tiene de malo no desear tener hijos?

Hace unos días escuché a una actriz de Hollywood diciendo que tener hijos no está en sus planes. No es la primera vez que oigo a una mujer anunciar que la maternidad no es uno de sus sueños. Tampoco piensen que el negarse a ser madre es una cuestión  de las americanas, o de mujeres frías. Conozco al menos dos latinas famosas que han hecho afirmaciones similares y tengo tres amigas con esa misma posición. Las famosas son la actriz cubana Eva Mendes y la periodista mexicana
Ana Patricia Candiani, quien por años condujo el noticiero nacional de Telemundo, y ahora  está en Los Ángeles. 

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Tampoco quiere tener hijos la famosa reina de la cocina Rachel Ray, quien para mí tiene una cara de mamá que no puede con ella. Mis amigas son una divorciada y dos
casadas. Una de las casadas le dijo al marido desde la primera cita que tener niños no estaría en su futuro. La otra fue dejando pasar el tiempo y ahora con casi 40 considera que está muy mayor como para dar un cambio tan importante a su vida. Tiene suerte porque su esposo está de acuerdo.

La divorciada ni siquiera quiere casarse otra vez. Lleva 10 años con la misma pareja y se niega a llegar al altar, aunque el novio ya no sabe qué hacer para convencerla. Su primer matrimonio fracasó por su negativa a tener hijos y creo que en el fondo nunca se recuperó. La verdad es que aunque yo he escogido otro camino para mi vida, las
admiro, porque no es fácil reconocer que una no está interesada en la maternidad y menos plantarse y decirle esa verdad a una sociedad como la nuestra en la que la maternidad se ve como el objetivo final de todas las mujeres. A las tres, al igual que a Candiani, Méndez y seguro que a todas las demás, les han llovido críticas y comentarios muy crueles.
Las han dicho egoístas, sin corazón, desnaturalizadas, lesbianas,  que Dios las va a castigar, y hasta que quién las va a cuidar en la vejez.  Yo las tildo de valientes y honestas. ¿Cómo se puede llamar a alguien egoísta por no traer al mundo un ser no deseado? Hay tantas madres que maltratan y abandonan a sus hijos. ¿No habría sido mejor que se hubiesen analizado bien y llegado a la conclusión de que eso de
permitir que una personita se adueñe descuidadamente de nuestra vida y
nuestro corazón, no era lo de ellas?
Yo jamás tuve dudas sobre si quería ser madre. Era un deseo infinito e irreductible. Cuando lo logré, ya a los 35 años, me convertí en una versión mejor de mí misma. Pero sé que no le pasa igual a todas. Ojalá que cada vez más mujeres podamos conocernos lo suficiente para tomar nosotras la decisión de la maternidad y dejeos de sentir que es una especie de obligación.

Imagen vía Aaron Webb/flickr