Después de muchos esfuerzos, mi esposo y yo nos hemos resignado a la idea de que nuestro hijo mayor nunca será el Roger Federer de futuro y ganará Wimbledon. Aunque cuenta con habilidades deportivas y tiene a quien salir –mi marido es entrenador profesional de tenis – nuestro chico ODIA el deporte.

Cuando digo que tiene a quien salir es en serio. Mi suegro, su abuelo, representó a Argentina en el abierto de Francia de Roland Garrós en los 50 y uno de sus primos hermanos está entre los mejores de la categoría de los tenistas de 16 años en Brasil. 

Quizá nosotros seamos culpables de su rechazo. Siempre pensamos que llevaría el tenis en la sangre y desde que era bebé tratamos de relacionarlo con el deporte. A los tres años comenzó con lecciones una vez por semana y pasó cuatro años en un prescolar dentro de un club de tenis. Aunque las clases eran muy divertidas y aprendió mucho, creo que fue demasiada presión.

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El año pasado, con todo el dolor de nuestra alma, decidimos no obligarlo a tomar más clases, y es un niño más feliz. Nosotros también. Se acabaron los pleitos antes de las clases, las malas caras durante ellas y la vergüenza con los entrenadores que se quejaban a menudo de su comportamiento. Pero no es fácil renunciar al sueño de que tu hijo va a seguir los pasos de los miembros de su familia.

Yo nunca pensé que caería en el error de obligar a mi hijo a ser como su papá, pero lo hice y fervientemente esperaba que en  algún momento se enamorara del tenis. Y es que una se los imagina como parte de una cadena generacional, en el que los mayores están orgullosos de las nuevas generaciones que siguen sus pasos. Sin embargo, cada persona tiene su propio mundo y las influencias familiares muchas veces no tienen demasiado poder.

Afortunadamente, mi hijo aún tiene muchas cosas en común con su papá y han encontrado un espacio  bien lejos del tenis en el que se divierten mucho.  Yo tengo suerte, él y yo nos parecemos mucho y nos gustan las mismas cosas. Amamos el cine, viajar, la música y leer. Quién sabe, quizá termine él siguiendo mis pasos de escritora sin proponérmelo. Pero no me importaría si no lo hiciera. Aprendí que él debe encontrar su propio camino y ser feliz haciéndolo. ¿Qué te parece, has cometido un error parecido, o te obligaron tus padres a ti?

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Imagen vía Alicia Civita

About the author

Alicia Civita lives in Florida, with her Argentinian husband, her two boys, 7 and 10 years old, her two rescued pit bulls, a parrot, and a red bearded lizard. She has lived and written from Caracas, Madrid, Rio de Janeiro, Buenos Aires, and New York, among other cities. Since becoming a mom she has learned to sew, craft, and play videogames. She dreams with hosting a party with all of her Facebook friends.

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Mami_...

Qué bueno que tuvieron la inteligencia de darse cuenta a tiempo y de no someterlo a algo que no le gusta. Eso no es sano.

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