Estoy brava. No, bravísima con la gente de la Corporación Disney. Creo que si uno va a tomar una decisión tan importante como vetar publicidad de alimentos nocivos para los niños en sus canales de TV, no hay que esperar tres años para ponerla en marcha.

¿Saben la cantidad de  cosas poco saludables que se van a meter en la boca los niños de aquí al 2015? 

Mi hijo mayor que es asiduo espectador de Disney XD, el canal de más acción, va a tener 12 años para entonces. El pequeño, que de vez en cuando todavía se asoma por la Mickey Mouse Club House, tendrá nueve. Es decir, quedan muchos viajes al supermercado llenos de pedidos denegados y protestas enloquecedoras.

No es que no entienda, desde un punto empresarial, la razón para tomarse su tiempo. Estoy segura que Disney –un negocio, por encima de todo- pasará esos meses buscando arduamente cómo compensar las pérdidas financieras por la ausencia de los anunciantes de cereales engordantes, galletas llenas de rellenos químicos, bebidas azucaradas y llenas de colorantes, y alimentos a reventar de sodio.

Pero como madre, quisiera que desde HOY MISMO desaparecieran esos productos de los canales. Estoy de acuerdo con la Primera Dama, Michelle Obama, en que la decisión representa un cambio de página en la desidia de los fabricantes de comida para niños en cuanto a la salud de nuestros pequeños y la epidemia de obesidad infantil.

Es más, no necesito leer ningún estudio para saber cómo influyen estos comerciales en los gustos de nuestros chiquitos. Mi hijo mayor no vio televisión hasta los 3 años y medio. El consumo audiovisual en mi casa se limitaba a videos en español y portugués. Los conocía a todos, él era amigo de Elmo, Barney, Mickey y demás, pero todo era a través de DVDs con audio en español. Para el portugués le poníamos a Xuxa.  Al no ver comerciales, no se enamoró de los caramelos, cereales y jugos. Ni sabía que existían. Hoy en día su paladar no aprecia el dulce extremo. Sus muelitas se lo agradecen.

El pequeño que sí vio televisión normal, pues su hermano comenzó a pedirla una vez que sus compañeros de prescolar le informaron de su existencia, es un adicto al azúcar, que a los seis años ya lleva tres caries, y que llora desesperado cuando llegan las cinco de la tarde, la hora en que se acaba el consumo de azúcares en mi casa. (Si no el chiquito no duerme). Reconozco que parte puede ser biología, pero estoy segura de que sus hábitos serían diferentes si no hubiese sido bombardeado desde bebé con todo tipo de productos perjudiciales.

Esta semana Disney también introdujo un sello de aprobación a las comidas saludables que se conocerá como el Mickey Check. Creo que podremos usarlo como herramienta para orientar a nuestros hijos hacia una alimentación más sana. ¿Quién le va a decir que no a un jugo sin azúcar agregado si se lo toma Mickey Mouse? Prueba y me cuentas.

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Imagen vía Disney

About the author

Alicia Civita lives in Florida, with her Argentinian husband, her two boys, 7 and 10 years old, her two rescued pit bulls, a parrot, and a red bearded lizard. She has lived and written from Caracas, Madrid, Rio de Janeiro, Buenos Aires, and New York, among other cities. Since becoming a mom she has learned to sew, craft, and play videogames. She dreams with hosting a party with all of her Facebook friends.

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