Cuando me da por enumerar las ventajas de vivir en este país y soportar la distancia física de mis seres queridos, las inclemencias del clima y los demás sacrificios que implican ser un inmigrante, siempre pienso en la seguridad que en líneas generales ofrece Estados Unidos. Aquí no hay que estar dando sobresaltos por la ola de atracos callejeros, ni está de moda el secuestro express, ni te matan en la calle porque no le diste paso a un conductor atorrante, como sucede en mi país. Pero esta mañana, toda esa sensación de seguridad se tambaleó, cuando leí que un bebé de un año murió tras ser abaleado en un suburbio angelino, por un adolescente ciclista que al parecer tenía problemas con su padre.

Respiré profundo y me imaginé la escena. El niño y su padre estaban en la acera, cuando el otro "casi niño" pasó en su bicicleta y abrió fuego. Una de las balas entró en el hombro del padre y otra derecho al pecho del niño, de 24 años. Una cirugía de emergencia trató de contener el reguero de sangre y órganos destrozados en que se convirtió el cuerpecito inocente de un chiquillo que no tenía la culpa de que su padre fuera pandillero –si es que lo es-. El capitán de la policía de Los Ángeles Phillip Tingirides, declaró a la estación de televisión KCAL-TV, que al parecer el motivo del ataque fue una venganza entre pandillas.

Después de la balacera, el pequeño fue trasladado a un hospital local, donde el esfuerzo médico no pudo salvarle la vida y falleció alrededor de las once de la noche.

A pesar de que los hechos ocurrieron en Los Ángeles, la noticia es la misma que leemos todos los días en diarios colombianos, venezolanos y puertorriqueños, sólo que para nosotros –los latinoamericanos- este tipo de hechos perdieron el tinte noticioso para convertirse en cotidianos. Pero, en Estados Unidos sigue siendo alarmante que pasen estas cosas. Aunque como me decía un compañero de trabajo con quien comentaba el asunto a primera hora. Quizás, es desconcertante para un sector de la población. Pero hay otro país, otros "Estados Unidos", que no son tan primermundistas como uno cree. Hay un país donde el aire come y escupe balas y, los vecinos respiran entre cortado soñando con ver a sus hijos al final del día.

Ojalá los seres humanos entendiéramos aquí, en Latinoamérica y en el resto del mundo que la peor amenaza de nuestro planeta somos nosotros mismos y no los fenómenos naturales o metereológicos. Y ojalá los gobernantes, cuando andan recogiendo votos, entendieran que no basta con besar viejitas y muchachitos o condecorar a activistas. Lo esencial es educar a la masa. Aunque muchos soberanos incapaces le temen a la educación.   

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Imagen vía Michael Melchiorre/flickr

About the author

Vicglamar is a journalist by profession, though she spent a couple of years studying pre-med before changing her major to communications. She has worked at the most prestigious newspapers in Venezuela. She had her first child when she moved to United States almost seven years ago and now has two boys affectionately nicknamed Trueno (thunder) and Relámpago (lighting).

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