Cómo las monstruosidades contra los niños en Uganda nos puede acercar más a nuestros hijos acá

¿Has oído hablar sobre Kony 2012? Fue mi hija de 15 años la que me abrió los ojos a la realidad de las monstruosidades a las que se le están sometiendo a cientos de miles de niños--niños como los tuyos y los míos--todos los días en Uganda, todo por un hombre de apellido Kony que anda tras poder, y poder nada más. Para serte honesta, no es sólo el saber sobre las injusticias contra niños inocentes lo que me conmovió el alma, sino el reconocer con agradecimiento la vida priviliegiada que disfrutan nuestros niños. 

¿Cómo el tema de Kony 2012 y la realidad de los niños soldados en Uganda elevó mi relación con mi hija? 

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El que fuese mi hija la que me alertara a lo que pasa en Uganda tiene un valor especial, ya que adentramos en una conversación que suscitó un intercambio interesantísimo y de gran valor para nosotras. Ella me hizo abrir mi computadora con urgencia para compartir el vídeo de abajo que anda progagándose como una epidemia por todo Facebook y YouTube. Todas sus amistades andan comentando sobre este movimiento por crear conciencia por algo que lleva pasando más de 20 años en el país africano que ha arrancado a sobre 30,000 niños del lado de sus familias para obligarlos no sólo a servir como soldados de la armada del tal Joseph Kony, sino también de efectuar barbaridades contras sus propios padres y otros ciudadanos de sus comunidades.

Con ganas de subirse las mangas y hacer algo--y llena de sentimientos genuinos de cambiar el mundo--mi hija suelta varias lágrimas conmigo mientras digerimos el vídeo de casi media hora que nos tiene como hipnotizadas. El documental busca hacer a Kony famoso tal como una campaña presidencial busca hacer del nombre de un candidato nombre de todos los días. ¿Famoso?, dices tú. Así es, famoso porque se entiende que no es sino hasta que estamos conscientes de atrocidades como las que se están dando en Uganda que nos resolvemos a exigir cambios, a demandar apoyo a buscar fin para injusticias similares y a desarmar el movimiento de Kony que ya merece ver su fin de una vez y por todas. 

Según crecen los sentimientos de ira de mi hija y míos, sentimientos contra el ogro de Kony, el hombre que se ha vuelto el ogro más temido en la historia de este país, experimentamos juntas también la desilusión de sabernos vivir en un mundo que permite ese tipo de injusticias. Más sin embargo, hablamos de las bendiciones con las que sí contamos: el tenernos mutuamente, el contar con la tranquilidad de que podemos dormir de noche sin el miedo a que alguien la robe (como es el caso de los niños en Uganda que preferirían morir que seguir viviendo ese terror a todas horas, todos los días). Mi hija y yo hablamos de la dicha de poder decir lo que pensamos, tener casa, comida y techo, cosas que tomamos por dadas y que tantos niños (los niños invisibles de los que habla el vídeo) como ella nunca han tenido. 

Mi hija y yo hemos compartido esto y ahora compartimos también el deseo de hacer algo para apoyar ésta y otras causas que ayuden a niños en situaciones de horror, inseguridad y miedo. Es algo que podemos hacer juntas.

Tú, ¿hablas con tus hijos sobre las injusticias en el mundo? ¿Están conscientes ellos de la importancia de decir ALTO a las mismas? 

Imagen vía AP

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