Bendita tecnología en manos de mis hijos durante viajes largos

Cuando mi hermano y yo éramos chicos, nos llevaban a ver a nuestros abuelos a Monterrey cada vez que se podía. Estos viajes a veces eran en avión y muchas otras veces en coche.

Nomás de pensarlo me parece surreal, pues se hacían casi 10 horas en carretera y no existía la tecnología que existe hoy en día, con lo cual el primer “¿Cuánto falta mamá?” arrancaba a la media hora de salir de casa.

Pobre de mi mamá. ¡Y pobres de nosotros!

En aquel entonces el único “entretenimiento” para la carretera, era platicar o escuchar música en cintas (cassettes) –- maravillosa invención el CD –- pues en las cintas siempre habían 5 canciones que nos gustaban y otras 5 que teníamos que escuchar, para llegar a las “buenas”. Suena como abuelita que yo lo diga, pero de verdad era otro mundo.

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Ahora que mi hijo menor ya se puede quedar quieto con una película, mis viajes en avión (ni loca los llevo en carretera, al menos no todavía) se han vuelto mucho más llevaderos. El vuelo de Nueva York a México es de 5 horas, pero gracias a la tecnología hemos podido reducir el número de veces que me preguntan “¿Mami ya vamos a llegar?”

Quiero dejar claro que yo no soy la más techie del mundo y de hecho sufro bastante, cuando no logro salir de aprietos tecnológicos sin pedir ayuda (generalmente a mis amigas más jóvenes), pero eso no quiere decir que no sea una agradecida de los avances tecnológicos, como la invención del iPad, pues de verdad vino a facilitar mi vida de madre. Y no exagero.

Así es que con Diego sentado en la ventana, viendo Ice-Age en mi computadora, y Juliana sentada en el pasillo, viendo Judy Moody en el iPad, logré leer un par de capítulos de mi libro –- sentada en medio de los dos – incluso cerrando mis ojos a ratos, lo cual fue algo “casi milagroso” pues mis dos hijos nunca paran de dar lata.

El caso es que las cinco horas de vuelo se fueron rápido, aunque tuve que hacerme mensa con mi regla de “no más de media hora de tele al día” pero creo que en estos casos todo se vale: que vean películas, que escuchen música, que jueguen con las apps, pero por favor que no griten, que no lloren, que no me vuelvan loca y que no vuelvan locos al resto de  los pasajeros.

Mamá lamento que hayas tenido que platicar y cantar con tus hijos durante 10 horas. No suena fácil ni divertido.

Así es que gracias Ma.

Y sobre todo gracias a Steve Jobs.

Imagen vía Jagrap/flickr