Lo que aprendí de mi hijo de dos años en una caótica cena en un restaurante

¡Totalmente un campo de batalla!  La semana pasada decidimos ir a comer al lugar preferido de mi hija Andrea para celebrar sus calificaciones. Debo admitir que salir a un restaurante con un niño de dos años de edad puede convertirse en una experiencia interesante, pero estresante también. Sí, estaba preparada para la ocasión; es decir, llevaba sus juguetes preferidos, libros de colorear y su colección de dinosaurios que tanto le entretienen en la casa. Pero estar en un lugar desconocido, con tanta gente y con tantos lugares (y esquinas) por recorrer hacía que nada de lo que tenía en mi cartera le llamara la atención. 

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Durante la cena me sentí como un pulpo; cortarle la carne a Santiago, recoger su tenedor del piso, secar el agua que se derramó sobre la mesa, llevar a Andrea al baño, caminar a Santiago por el restaurante mientras esperamos la comida, etc.  ¡Ohhh!, ¡y casi se me olvida!. Entre todo esto, tratar de tener una conversación con mi esposo. 

En el medio de toda la actividad que tenemos en nuestra mesa, miré a mi alrededor y vi cómo éramos el centro de atención para los que nos rodeaban… y estoy segura que también éramos el tema de conversación. Ya para concluir la noche, terminé comiendo sola con Andrea, mi esposo se llevó a Santiago a caminar porque ya había terminado de cenar y no aguantaba un minuto más estar en la silla de comer.  

Ahora que soy madre, lo que me ayuda a lidiar con esta situación, a parte de una buena copita de Chardonnay, es entender la diferencia entre lo que espero de mis hijos y su edad/personalidad y lo que ellos pueden dar. Es decir, sería ilógico esperar que mi hijo de dos años tenga la capacidad de “comportarse” en una cena que fácilmente se puede convertir de dos horas. 

Sé que muchos estaban pensando “¡Qué horror! ¿Cómo esos padres no le enseñan a sus hijos a comportarse en la mesa?” . La realidad es que los que tenemos que aprender somos los padres... a interesarnos mucho más en reconocer las necesidades de nuestros hijos, en vez de obligarlos a ser obedientes cuando lo que están haciendo es típico del comportamiento de niños de sus edades.    

¿Alguna vez tu hijo o hija te ha avergonzado por su desobediencia?

Imagen vía Francisco Carbajal/flickr