¿Cómo evitar que el pago de las tarjetas de crédito sea un dolor de cabeza?

En las sociedades modernas la tarjeta de crédito  ya no es un instrumento exclusivo de élites sociales. Hoy en día aproximadamente el 35% de la población en América Latina está bancarizada y gran parte de este porcentaje lo conforma la clase media trabajadora. El plástico--como también se le suele llamar- es uno de las facilidades para el financiamiento inmediato que más ayuda presta al día a día. Sin embargo, un uso excesivo de este instrumento puede comprometer el ingreso mensual de un trabajador o de una familia entera convirtiéndose en un verdadero dolor de cabeza.

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Los especialistas en finanzas aseguran que el total de la deuda adquirida por tarjetas de crédito, hipoteca u otros créditos no puede excederse del 20% del ingreso mensual de un trabajador o grupo familiar.

Pero también es cierto que tal cálculo depende de la realidad de cada país. Si bien es cierto que en América Latina la inflación (alza de los precios de bienes y servicios) ya no es un problema, pues es menor a 5% en promedio anual;  en naciones como Argentina y Venezuela sí lo sigue siendo y esto afecta los compromisos de pago mensuales.

Si vives en República Dominicana, México, Brasil, Colombia o Panamá la tarjeta de crédito puede ser una gran aliada a la hora de adquirir enseres para el hogar, un seguro de vida, la compra de un  automóvil o para financiar un viaje de vacaciones para la familia.

Las franquicias internacionales que manejan las tarjetas de crédito como Visa, Master Card, American Express o Diners Club, entre otras, dan facilidades de hasta 36 meses para que el consumidor pueda ir cancelando poco a poco la deuda adquirida sin que se convierta en una carga que desequilibre el pago de los gastos corrientes del hogar. En estos casos lo más recomendable es cancelar más allá de las cuotas mínimas que estipulan los bancos, y así evitar que se acumulen las deudas o se consuma el monto total del financiamiento (tope) que se otorgó al tarjetahabiente.

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Asimismo, existe la costumbre por parte de los tarjetahabientes de pagar las cuentas de restaurantes o actividades de entretenimiento con plástico y honrar el pago antes de cumplirse el mes del gasto, evitándose así  que haya cargos por intereses. En estos casos este instrumento crediticio se utiliza como si fuese más bien una tarjeta de débito.

En otros países como Venezuela o Argentina donde la inflación supera el 30% y el 15% anual, respectivamente, la tarjeta de crédito tiene un uso de mayor importancia, ya que funciona como complemento del ingreso mensual de la clase media, que a través de este instrumento financia gastos corrientes tales como la adquisición de medicinas o la compra de alimentos. En estos casos, se recomienda hacer un uso racional de la tarjeta y pagar las cuotas mínimas.

Especialistas en el área señalan que no es recomendable pagar toda la deuda de la tarjeta sino utilizar el financiamiento, ya que a medida que el tiempo pasa la inflación golpea el salario pero también diluye las deudas. No se debe olvidar que el pago puntual de la tarjeta evitará que el banco le cobre intereses de mora y que a la vez su historial crediticio se vea afectado. El error de no cancelar a tiempo puede negarle la posibilidad en un futuro de poder adquirir un mayor  tope crediticio en el plástico, ser elegirá para un préstamo habitacional o de vehículo, o incluso el poder acceder a una tarjeta de crédito de otra entidad financiera.

Se considera que una persona tiene libertad financiera cuando sus ingresos superan, por lo menos, 20% de sus gastos. La meta debería ser ahorrar o invertir el 20% de los ingresos mensuales, destinar otro 20% al pago de deudas y el restante 60% para gastos. Ahorrar en moneda extranjera es lo ideal si vives en la región.

Imagen vía Flickr/Andrés Rueda