Todas sabemos que los matrimonios tienen sus altas y sus bajas, y que una relación perfecta no existe; pero confieso que hay días en los que desearía que mi marido se fuera una larga temporada de vacaciones. Sobre todo en los momentos en los que termina arruinando todos mis planes. Lo digo por el coraje que me hizo pasar el otro día. Resulta que unas amigas me habían invitado a ver una película al aire libre en Central Park, algo que nunca había hecho desde que vivo en Nueva York, por lo que la idea me causaba gran entusiasmo. Así que planeamos todo con varios días de anticipación para organizar una especie de día de campo antes de la proyección.

Así, esa mañana me levanté antes de lo usual para poner en una maleta todas las cosas que me llevaría al evento: una manta, unos snacks, ropa cómoda para después del trabajo, y me fui con la idea de que saliendo de la oficina, por fin, podía dedicarle unas cuantas horas a mi persona.

El caso es que saliendo del trabajo, cuando iba camino a la reunión (ya había caminado bastante para llegar al lugar), me llama mi marido para decirme que tuvo un "pequeño" problema: al sujeto se le habían quedado las llaves dentro del auto y quería que fuera hasta donde él estaba (norte de Nueva Jersey) para llevarle el duplicado, pues no tenemos otro juego de llaves y ya eran casi las ocho de la noche, por lo que le era difícil encontrar a alguien que lo ayudara a abrirlo.

Como te imaginarás, cuando me dijo eso, el estómago se me revolvió y sentí que me empezaba a hervir la cabeza, pues para llegar hasta donde él estaba, tenía que irme hasta el otro lado de la ciudad para tomar un tren hacia Nueva Jersey, y luego tomar en otra estación otro tren hasta la pequeña y recóndita localidad en la que se encontraba.

El viaje en total me tomaría cerca de tres horas desde donde estaba, así que debo confesar que dudé por instantes en ir por él, pero luego, como si un rayo de luz me iluminara, comencé a acordarme de todas las veces que él me ha sacado de apuros, así que no me quedó de otra más que hacerle caso a mi conciencia. Y sí, aunque en ese momento hubiera deseado que se fuera una larga temporada de vacaciones, después pensé que, al final de cuentas, un matrimonio consiste en  apoyarse mutuamente en los momentos más difíciles. Y después de todo, pensé que éste era el mejor momento de demostrarle a mi esposo que iría hasta la luna por él, si fuera necesario, tal y como se lo prometí ante el altar.

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Imagen vía Sandra Ortiz-Juarez

About the author

Sandra Ortiz Juarez graduated with a Bachelors of Arts in Communications from the University of the Americas Puebla (UDLAP) in Mexico. Sandra received her Masters in Broadcast Journalism from the Escuela Superior de Imagen y Sonido (CES) in Madrid, Spain. She has collaborated with various media outlets including TV AZTECA (Mexico), Libertad Digital Television (Madrid, Spain), AOL Latino (New York) and she is now working with Mamás Latinas in their New York office.

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