Llevo mucho tiempo sin ser una católica practicante, pero cuando estoy en aprietos no lo pienso dos veces a la hora de rezarle a mis santitos. Me encantan todos y, con el perdón de las mamás cristianas que sé que eso lo ven mal, me parece excelente que cada quien tenga su especialización en lo que se refiere a milagros y que además se reconozca la vida de seres excepcionales que, no sólo vivieron haciendo el bien, sino que además le dan esperanzas a mucha gente. 

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A veces no me acuerdo de cuál es para qué, pero me basta con darme un paseíto por mis recuerdos infantiles para encontrar al que me va a sostener cuando un ser querido está enfermo, al que voy a mandar con mis hijos a la escuela y hasta al que le tengo que poner una velita cuando tengo un problema al que no le veo salida.

Para mí, más allá de la fe de cada quien, los santos son parte de la experiencia mística-religiosa de todo latino, sea católico o no. Son parte de nuestra cultura y, aunque no se crea en ellos como parte del ejército de Dios, hay que reconocer que tienen su mérito. La forma en que yo lo veo es que sus ejemplos de vida nos ayudan a ser mejores y sus imágenes nos ayudan a centrar nuestro espíritu y hasta nuestra mente. ¿Quién puede decir que hay algo de malo en eso?

Aquí te paso mi arsenal de santos, a los que me encomiendo en momentos críticos. A lo mejor alguno te da una manito.

Imagen vía Aaron Díaz/Instagram

Topics: cultura latina  costumbres latinoamericanas  religion