Amigas de las buenas, de las que te hacen hacerte "pipí" de la risa, no hay muchas

¿Uno platica y tiene más relación con las amigas "locales" o con las amigas "de siempre" (aunque éstas vivan a larga distancia)?

En mi caso está es una buena pregunta.

Yo sólo sé, que cada vez que veo a mis amigas mexicanas--las que siguen allá--retomo la conversación con ellas como si hubiéramos estado hablando el día anterior. Hagan de cuenta que no ha pasado un sólo día y le metemos velocidad a la plática, para poder llevar a cabo este "catching up" de los meses pasados. Y orgullosa les digo, que es posible lograrlo.

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Mis amigas locales que son latinas, son una maravilla (lástima que no sean tantas), pues me relaciono con ellas en el mismo idioma y no sólo me refiero al "español" – tenemos comunes denominadores entre nosotras, que están muy claros, hay códigos que nos permiten "caer" en las casas sin avisar y llamarnos por teléfono, para compartir una mala o buena noticia, a la hora que sea.

Con las amigas norteamericanas, la cosa es distinta. No hay cita sin agenda en mano, las conversaciones son más discretas y superficiales, el nivel de "compartir" lo que sucede en la vida privada de cada una, es muy limitado, y sus hijos son casi siempre perfectos.

No es una regla general, obviamente todo en esta vida tiene sus excepciones, pero son contadas las mujeres "gringas" con las que yo puedo conectar, o al menos, tocar fondo. De hecho, cuando llegan a mi vida me sorprendo muy gratamente.

Éste es un tema recurrente entre las latinas que nos vamos a vivir lejos de nuestro país, al menos yo me veo comentándolo, cada vez que me presentan una nueva amiga hispana.

La semana pasada comí con mis amigas de México. Llegaron siete mujeres al restaurante, locas todas (como yo) y queridísimas. La realidad es que el nivel de conversación se elevó de tal manera que pasábamos en segundos de la risa al llanto, no hubo bloqueos de conversaciones, todo en esa mesa, se pudo hablar con absoluta libertad.

La tarde acabó con todas--perdonen mi ordinariez--haciéndonos pipí de la risa. Sí, pipí. Mi amiga Claudia no alcanzó a llegar al baño. Y cuando esto sucede yo pienso que es igual que un milagro, pues no hay mejor medicina en el mundo que reír a carcajadas incontrolables.

Hace meses que no me pasaba esto y no pude evitar pensar que aquí no tengo amigas con las que podría llegar a suceder esto. Nadie me hace reír hasta llegar al llanto. Y cómo lo extrañaba.

Esta entrada la hago en honor a las amigas, a esas que tenemos que cuidar, a las cercanas y a las lejanas, pues sólo las mujeres sabemos que un marido pendejo, un hijo rebelde, un novio infiel, un trabajo jodido, y hasta la soledad, se pueden desaparecer por un ratito, estando con una buena amiga y compartiendo una buena carcajada.

Imagen vía Wickenden/Flickr