Los casos de violaciones cometidas por policías parecen ser noticias más frecuentes. Esta mañana leí en la página web de El Diario acerca del caso de Arthur Roldán, un policía hispano de Brooklyn, Nueva York. Este oficial ha sido acusado de violar a una mujer en un estacionamiento, donde usó su arma para someter a la víctima.

Este caso, como muchos otros donde un policía asalta sexualmente a una mujer, no es un caso aislado. Todavía recuerdo el caso de otro policía de Nueva York, Michael Peña, que fue sentenciado a 75 años de cárcel por haber violado a una maestra en la calle.

Cuando recibió la sentencia, Peña sintió mucha vergüenza. Dijo que no podía explicar lo que había pasado y que sabía que debía recibir su castigo. ¿Son los policías más propensos a perder el control y cometer actos de violencia contra una mujer?

No hay nada que justifique un acto de violencia contra una persona inocente por parte de un policía. Pero sí debemos reflexionar acerca de cómo el entrenamiento y la cultura del sistema policial podrían aumentar las posibilidades de que un policía abuse a una mujer.

Los policías aprenden a usar diferentes tácticas de control, intimidación y acoso para ejecutar su trabajo. Estas tácticas a menudo son violentas. Si un policía no sabe, o no puede emocionalmente, separar su trabajo de su vida personal, podría usar estas mismas tácticas fuera del trabajo, en la calle, en su casa, con las personas que conoce, con las mujeres.

Los policías, al igual que todas nosotras, viven en una sociedad donde la violencia contra la mujer, en todas sus manifestaciones, es demasiado común. Todos los años más de un millón de mujeres son víctimas de violación. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, en Estados Unidos cada 24 minutos una persona es violada, asaltada o acosada por su pareja íntima (The National Intimate Partner and Sexual Violence Survey).

Es desgarrador saber que en este país una mujer puede enfrentar más peligro en su propia casa que en la calle. Según las estadísticas, una mujer corre más peligro de ser violada o asaltada por su pareja íntima que por una persona desconocida.

Cuando ese novio o marido es policía, entonces el peligro es mucho mayor. Numerosos estudios han demostrado que los policías son de dos a cuatro veces más propensos a abusar a sus parejas. Se comenta que la mujer que, supuestamente, el policía Arthur Roldán violó, era su novia.

Repito, no hay nada que justifique un acto de violencia contra una persona inocente, ya sea su esposa o novia, por parte de un policía. Pero este problema va más allá de los casos de los policías que hemos estado viendo en las noticias durante el transcurso de este año. Forma parte de un problema más grande, de una sociedad que promueve la violencia como una solución para resolver un problema, una frustración, una diferencia, donde las personas que son percibidas como más débiles—las mujeres, los niños, los homosexuales y lesbianas, los grupos minoritarios—terminan sufriendo las consecuencias de esta violencia.

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Imagen vía Thinkstock

About the author

This writer, poet, dancer, and self-esteem expert has one goal and passion: To help women love their bodies unconditionally. She loves spas and dancing flamenco.

 

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Filed Under: arthur roldán
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