La brutalidad policial en Estados Unidos se ha convertido en una epidemia que parece estar fuera de control. Cada vez que escucho una noticia acerca de un incidente de abuso por parte de la policía me siento llena de indignación. ¿Por qué tantas personas, casi siempre hombres latinos o africanoamericanos reciben disparos innecesarios?

La última noticia que escuché acerca de brutalidad policial, transmitida en el canal 41 de Univisión, es sobre un joven dominicano de New Brunswick, Nueva Jersey. El joven, Víctor Rodríguez, quedó paralizado de la cintura hacia abajo después de recibir varios disparos por parte de dos agentes encubiertos.

Obviamente, como suele suceder en la mayoría de los casos de brutalidad policial, las circunstancias del incidente son confusas. Según el joven, él estaba huyendo de una pandilla que lo intentaba asaltar cuando un agente encubierto le disparó en las piernas. Ya había caído al suelo herido cuando un segundo agente le disparó en la espalda dos veces.

Ahora el joven está haciendo una demanda por brutalidad policial a la ciudad y policía de New Brunswick, Nueva Jersey. Pero, ¿habrá una recompensación que pueda devolverle a este joven lo que ha perdido? Pienso que no.

Otra sería la historia si esos agentes no hubieran abordado el incidente con tantos disparos, si hubieran recordado que la misión de un policía es proteger a los ciudadanos, y no ponerlos en peligro. ¿Estaré viviendo yo en una fantasía cuando pienso que esa es la misión de un policía?

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¿Estaré viendo demasiados episodios de Poirot, el detective ficticio de Agatha Cristie? Este detective nunca ha usado un arma de fuego, pero ha capturado a grandes criminales, con inteligencia y astucia. Y aunque es un personaje ficticio, en la vida real existen agentes como él, que no llevan armas de fuego y recurren a otros medios no violentos para mantener el orden.

He conocido policías que realmente quieren tener un efecto positivo en la comunidad, pero se sienten atrapados en un sistema que promueve la violencia como el principal medio para mantener el "orden". Los casos de brutalidad policial forman parte de un problema más grande, son un síntoma de la violencia que padece nuestra sociedad en general.

Vivimos en un país con una alta incidencia de casos de violencia doméstica. Vivimos en un país que ha estado en guerra durante años. Vivimos en un país donde es muy fácil, demasiado fácil, comprar un arma de fuego.

No estoy proponiendo que los policías de este país entreguen sus armas. Pero sí que no usen sus armas de fuego como la única solución, y que recuerden la importante misión que tienen en sus manos.

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Imagen vía Thomas Hawk/flickr

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This writer, poet, dancer, and self-esteem expert has one goal and passion: To help women love their bodies unconditionally. She loves spas and dancing flamenco.

 

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