Esta mañana no podía creer lo que mis ojos estaban leyendo: tres hermanos mexicanos originarios del estado de Sinaloa -José Regino Gonzáles, de 33 años; Simón, de 37, y Luis Alfonso, de 44- fueron condenados a morir en la horca por un tribunal malayo acusados de narcotráfico. Y la verdad, es que tras escuchar la palabra narcotráfico, no pude evitar acordarme de una terrible experiencia que me hizo cuestionarme si las personas que están dentro del crimen organizado se merecen una pena de muerte, para dejar de hacer tanto daño...

Cuando fui a sacar mi visa americana a Ciudad Juárez, Chihuahua; uno de los lugares más peligroso de México (por el índice de violencia que se vive en esa ciudad norteña) comprobé por mí misma, que las imágenes que se veían en los noticieros, realmente correspondían con la realidad que se vive en varios puntos del país, debido a la violencia generada por el narcotráfico. Aquel día, iba pasando por una de las avenidas principales, cuando, de repente, el tráfico se detuvo porque, del otro lado del carril, la policía custodiaba una camioneta en la que se encontraba un hombre que había sido asesinado a balazos.

¡Nunca voy a olvidar la horrible imagen de ese sujeto que yacía muerto frente al volante de su camioneta! Y al mismo tiempo, no puedo dejar de pensar, que tan sólo cinco minutos antes, yo había pasado por ese mismo carril y quizás ahora no estaría aquí para contar este terrible episodio de mi vida.

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Por fortuna, puedo decir, que ese miedo no me ha vuelto a invadir, pero puedo imaginarme el terror al que se enfrentan cada día, los miles de mexicanos que viven en las regiones más violentas del país. Me refiero, a aquellas zonas, en las que casi cada día, aparecen en las calles, los cuerpos regados de personas que fueron torturadas por el crimen organizado y casi como por costumbre, se escucha el sonido de las balaceras, como si fueran parte natural, del sonido ambiente que acompaña a dichas ciudades.

¡Así es! Muchos de mis paisanos viven aterrados cada día, porque no saben si ellos o sus familiares, regresarán con vida a sus hogares. Por eso, cuando leí esta noticia, no podía dejar de pensar en las vueltas que da la vida. Mientras en mi país, no dejan de verse personas colgadas en los puentes, con el propósito de amenazar a todo aquel que se meta con el crimen organizado, hoy son tres mexicanos, acusados de narcotráfico, los que están condenados a morir de la misma manera.

¡Qué ironías de la vida! parece que el destino, a veces, hace pagar a algunos con la misma moneda. Y aunque en mi opinión, nadie debería tener el poder de decidir la muerte de otra persona, también pienso que, muchas veces, quienes se dedican al negocio del crimen organizado, se toman la justicia por cuenta propia, así que la verdad, ya no sé qué es peor….

¿Tú qué opinas sobre este caso?

Imagen via Flickr/aclu_socal/

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