El placer secreto de mis hijos deportistas

Desde que el mayor de mis hijos entró al equipo de basquetbol de su escuela media, me ha tocado aprender de nutrición para entender las necesidades que tiene un atleta adolescente que además está en pleno proceso de crecimiento y desarrollo.

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La mayor actividad física ha aumentado sus necesidades alimenticias: necesita más energía, más agua, más sodio. Ahora Andrés Ignacio, quien apenas tiene 13 años y ya me superó en estatura, come ¡por tres! Y su hermano Tomás Eugenio de 11, va por el mismo camino. 

No sólo los dos comen más, sino que el mismo Andrés ha pedido que su dieta sea balanceada en términos de incluir alimentos de los cinco grupos. Me resulta increíble que un niño de 13 años se preocupe de esa manera por la comida y que haya negociado consigo mismo no comer helados más de una vez por semana, haya reducido al mínimo el consumo de sodas y hasta esté aprendiendo a leer las etiquetas de los alimentos.

A veces lo escucho hablándole a su hermano menor, y me parece oír al coach explicando por qué hay que comer carne, pollo, pescado, vegetales verdes, frutas y granos y cereales.

Hay cosas que aún no he logrado que Tomás tan siquiera pruebe, pero en general tanto él como su hermano ahora comen más carne y pescado, más frutas, y han reducido sustancialmente su consumo de comida chatarra y de azúcar. Esa es la magia del deporte, la pasión por el basquetbol, que los motiva y los inspira cuidarse más y quererse más a si mismos.

La mayor energía que gastan en los entrenamientos y toda la actividad física relacionada con su deporte favorito la reponen comiendo porciones extra de alimentos, pero especialmente cereales.

Y cuando digo cereales, además de la avena y las barras de granola, o la granola con yogurt, me refiero a los Frosted Flakes que no faltan en mi casa y que desde que el mundo es mundo comen en el desayuno y también en la merienda. A ese placer, ni tan secreto, nadie renuncia en mi casa. 

A Enriqueta Lemoine le gusta decir que es una escritora que cocina y una cocinera que escribe y desde hace cinco años es la autora de Savoir Faire, un blog de cocina y cocteles donde además escribe sobre lo que es ser mujer en este siglo. Ha vivido en Caracas, donde nació y creció, en Madrid, Ginebra, Nueva York y el Sur de California. Ahora vive en Miami con sus dos hijos. Cuando no está cocinando o escribiendo, puedes encontrarla haciendo rutas gastronómicas, descubriendo restaurantes, explorando mercados y buscando nuevos ingredientes.