El carácter explosivo de Seal y la distancia acabaron su matrimonio con Heidi Klum

Cuando el río suena es porque piedras trae y sin duda en el hogar de Heidi Klum y Seal, se escuchó con fuerza el trinar de esas rocas.  Finalmente la pareja de famosos anunció su divorcio, argumentando que se quieren y se van a querer siempre y que bla, bla, bla, pero que ya no pueden vivir juntos.

El que parecía un matrimonio de cuentos de hadas –aunque en lo personal pienso que ese tipo de parejas no existen-, se vio afectado por la distancia, ya que ambos han estado sumamente ocupados y viviendo a miles de millas de distancia el uno del otro. Otro factor, al parecer ha sido el manejo de la ira y la agresividad por parte del cantante de 48 años.

Advertisement

Según su todavía esposa, el carácter explosivo del músico ha afectado a sus cuatro hijos Leni, de 7 años, Henry, de 6, Johan, de 5 y Lou, de 2.  Si éste es o no el motivo real por el cual la pareja ha puesto punto y final a su unión de siete años, solamente ellos lo sabrán.

Si me preguntan si creo que este divorcio va dar de comer a los medios amarillistas y los que no lo son tanto varios días, mi respuesta es sí. Vamos a ver galerías de fotos que los muestran felices y fotografías que revelan desde cuándo empezaron a tener problemas, los abogados van a empezar a filtrar información financiera de la pareja. Les van a sacar los trapos sucios, en fin, más de lo mismo. Como mamá, pienso en las criaturitas que deben enfrentar el divorcio de los padres.

Una persona iracunda definitivamente marca a sus hijos. Entiendo que hay situaciones que explican algunas experiencias, pero eso no significa que no dejen huella. Tengo un amigo que ya tiene 40 años. De niño, su papá pasaba de ser estricto a ser maltratador. Mi amigo y sus dos hermanos son todos profesionales y aparentemente exitosos. Claro, uno vive en Australia, otro en Alemania y mi amigo ha recorrido el mundo entero, es decir. Viven lejos, muy lejos de su tierra y de su padre. Un día, coincidimos en Nueva York y lo que debía ser una reunión alegre, se transformó para mí en un encuentro revelador. Ese día aprendí sin libros ni anestesia, lo cuidadosos que tenemos que ser como padres en el manejo de la ira.

Mis amigos, todos muy guapos, uno médico, dos ingenieros, cada uno más exitoso que el otro a nivel finaciero. Lo que diría mi abuela “unos muchachos bellos”, de repente, cuando el vino acelera la nostalgia se pusieron a rememorar su infancia y las palizas que el padre les daba y de cómo les pegaba delante de sus amigos y primos para “que agarran el hilo”.

Cuando mis amigos eran adolescentes su padre fue diagnosticado con una condición psiquiátrica, lo cual quizás explicaba de cierta manera sus acciones violentas, pero no borró las cicatrices que dejaron las noches de llanto por los golpes que recibieron.

Amigas, escribiendo estas palabras me entristecí. Carlitos, desde aquí te mando un abrazo, el mismo que te doy cada vez que te veo. Y a ustedes, quiénes están leyendo, las invito como madre a vernos, a revisarnos a abrirle la puerta a nuestros miedos y demonios y buscar sanarlos, sobre todo si somos madres, si tenemos en las manos la responsabilidad inmensa de la crianza. Los niños, ninguno, de ninguna raza ni condición socioeconómica merece crecer bajo la tutela de la ira y el descontrol.

¿Qué haces para controlar tu ira frente o con tus hijos?

Imagen vía Getty Images