Hasta los sordos pueden ahora disfrutar de nuestra música tropical

Paralelo al escenario donde Elvis Crespo dio un espectacular concierto en Sea World el pasado fin de semana, había una tarima, sobre la que una mujer latina, vestida de negro, bailaba y movía las manos con una intención impresionante. Frente a ella, una treintena de hombres y mujeres, algunos en sillas de ruedas, no se perdían ni uno de sus gestos.

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Me llamó la atención que esa parte de la audiencia estuviese cautiva por los movimientos de la mujer y no por los saltos y la energía que Crespo emanaba. Poco después comprendí, la mujer estaba interpretando las canciones para los sordos y otros minusválidos en la audiencia.  Nuestra música tropical ha superado la última barrera: ha llegado y hace bailar hasta a los que no pueden oírla.

La presentación de Crespo forma parte de un festival que Sea World organiza desde hace tres veranos en algunos de sus parques. Sea World de Orlando, en Florida, tiene a estrellas de la talla de Crespo y Gilberto Santa Rosa, entre otros. En el de San Diego tocarán Los Tigres del Norte y Chino y Nacho. En Busch Gardens de Tampa, Florida, estarán Víctor Manuelle y Jerry Rivera. Pero lo que me emociona es que en cada una de esas presentaciones habrá alguien meciendo sus caderas y contándole a la audiencia que no puede escuchar la música, las letras que acompañan a las vibraciones que perciben.

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 "La experiencia de un festival como "Viva la Música" va más allá de las melodías. Es la comida, los olores, los ritmos y hasta la alegría de la gente. Para nosotros es importante que todos se sientan incluidos y que los no consiguen oír la música y entender la letra puedan participar también", explicó Mari Delgado,  una de las representantes del parque para la audiencia hispana.

La tarea de ser intérprete para sordos no es fácil, pero los que incorporan la capacidad de transmitir el lenguaje de la música a su repertorio son considerados estrellas dentro de la profesión. Los que lo saben hacer lo consideran un trabajo agotador, tanto mental como físicamente.  No me sorprende. Debe requerir mucha energía el dar significado a las letras de las canciones, la emoción detrás de  cada palabra, sin perder el ritmo.

Yo pasé varios minutos hipnotizada por los movimientos de la intérprete en Sea World. Las voz de Elvis Crespo parecía volar hacia sus manos y de allí, como por arte de magia, conectarse con las cabezas  de los que la seguían entre la audiencia y hacerlos menearse al ritmo del merengue. Fue increíble y me sentí orgullosa de ella y de ser una mujer latina.

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Imagen vía Sea World