Todos los dictadores deberían ser como Sacha Baron Cohen (VÍDEO)

Sí, lo confieso, cuando el dictador general Aladeen, llegó a la alfombra roja de los Premios Oscar, escoltado por esas dos esculturales mujeres, con sus trajes de militar y sus boinas rojas casi me muero de las risas. Es más confieso que fue uno de mis momentos favoritos de la premiación.

 Eso sin mencionar el potecito dorado que Sacha Baron Cohen - o mejor dicho el general Aladeen- cargaba en la manos. Al principio no logré distinguir si se trataba de su propia versión del Oscar, como los dictadores se premian y reconocen a su antojo, pues uno nunca sabe. Pero cuando comenzó a esparcir las cenizas de su amigo, el líder King Jong II de Korea del Norte, en medio de la alfombra roja, no pude parar de reírme.

 

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Sin duda alguna, la parodia del actor británico Sacha Baron Cohen, a quien finalmente le permitieron presentarse en la renombrada ceremonia vistiendo como el líder máximo de la imaginaria nación Wadiya,  arranca carcajadas a su paso. Aunque la premiación más conocida de la industria del cine no debe utilizarse para promocionar películas, Sacha Baron Cohen rompió el molde y llevó a Aladeen, protagonista de The Dictator, cinta a punto de estrenarse, a codearse con la crema y nata del mundo del cine. Total, él es un dictador y como cantaría el Rey, su palabra es la ley. 

Una de las amenazas que Aladeeen lanzó hace pocos días a través del Today Show (NBC) si no lo dejaban presentarse en la ceremonia del Oscar, fue que se vengaría a través del alza del precio del petróleo. Ese día, me escalofrié, porque Aladeen, personaje ficticio y sarcasticamente  gracioso, lamentablemente consigue alter egos en la vida real y en muchos países del mundo, donde la bota militar y el antojo caprichoso de algunos pisa fuerte sobre pueblos sometidos a sus designios.

Hace poco, una amiga me contaba que sus amigos estadounidenses la criticaban por no apoyar al presidente venezolano Hugo Chávez, paladín de la justicia y amigo de los más necesitados. Un Chapulín Colorado caribeño pues. Le pregunté: "¿tus amigos han ido a Venezuela, han vivido allí,saben que no se consiguen alimentos básicos, que el soborno es un acto cotidiano y que la vida no vale nada?". No, sus amigos – como mucha gente- han querido creer en la falacia de que en el país suramericano hay una verdadera revolución, cuando en realidad lo que existe es un cambio de caudillo. Chávez y sus secuaces, llegaron con hambre vieja a teñir de rojo –y no por el color de sus boinas y uniformes- sino por la sangre que se derrama en el pavimento cada día por la inseguridad que impera en un país que vive a merced de un Aladeen de carne y hueso, quien inclusive intentó reformar una vez más la Contitución, para que la "reelección vitalicia" fuese posible. ¿Muy democrático, verdad?

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Los dictadores existen. Siguen siendo una plaga que clava su agijón sobre los pueblos. Todos los dogmas son falsos, pero ninguno  lo es tanto como el que hay hombres indispensables para guiar el destino de una nación determinada. La historia, sobre todo la de América Latina  es caudalosa en presidentes megalómanos, en vocaciones autoritarias , en intolerancias a veces asesinas. Son realidades, que han dejado miles de muertos y desatado incontables guerras civiles. Éstos poderosos, casi siempre iletrados, no aceptan el diálogo, solo la monosílaba obediencia y, quienes se oponen son silenciados con la muerte, el exilio o la segregación. Es por eso, que hoy sueño con que todos los Aladeen fuesen eso: un producto cinematográfico, una ficción de la cual pudiéramos reirnos y nada más.

Aquí te dejó un rato con el general Aladeen:

Imagen vía Getty Images

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